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Una de pinículas


Anoche al acostarme le daba vueltas a varias cosas en la cabeza, y pensaba en lo bien que me vendría tener un diario. Lo único que me frena es mi inconstancia. Pero, si fuera más metódico, le dedicaría unos minutos cada tarde para reflejar todo lo que me pasar a lo largo de cada jornada, mis reflexiones acerca de mi mundo y del que me rodea, etc. El caso es que, en medio de esos pensamientos, apareció una melodía. Me pasa siempre. Es cuando me meto en el sobre cuando más música me suena en la cabeza. Debe ser que en posición horizontal es cuando mi cerebro riega con mayor efectividad a la parte que este dedica a la creatividad. la mayoría de esas melodías no sirven para nada, me duermo en medio de una canción casi completa con sus arreglos y todo, pero otras veces tengo que levantarme en medio de la noche para intentar hacer sonar eso en mi guitarra o cantándolo susurrando para que el ordenador tome buena cuenta de ella y poder escucharlo a la mañana siguiente. Una vez escuché que a Prince le pasaba algo parecido, solo que él se levantaba y se bajaba al estudio de su propia casa y se ponía a grabar sus ideas. Bueno, yo no tengo los medios ni -seguramente- el talento del artista de Minneapolis, pero al menos comparto con él esa extraña forma de conciliar el sueño. Y bueno, a lo que iba, el caso es que anoche, pensando en todo esto, recordé una película que he visto este fin de semana después de que me la recomendaran de manera efusiva. La película es "Babel", y es una maravilla. Cuenta una serie de historias interrelacionadas entre sí muy a la manera personal que ha sabido crear su director, Alejandro González Iñárritu, en otras películas suyas como "Amores perros" o "21 Gramos". Pero esta va un poco más allá. Porque para mi, la mejor de las historias es la que cruza de forma horizontal a todas las demás. Me refiero a la historia oculta del rifle, cómo llega desde Japón hasta un lugar perdido de Afganistán. Ese viaje ejemplifica y simplifica de manera portentosa las bonanzas y las maldades de la globalización, la forma en que un objeto propio de sociedades avanzadas, que puede procurar beneficios y progreso para sociedades retrasadas tecnológicamente, al mismo tiempo puede destrozar culturas y vidas, y cómo las tragedias, los sentimientos y la supervivencia son capacidades inherentes al ser humano, independientemente del lugar donde resida. Y es en el mismo punto de encuentro de todas esas sociedades, en el momento en el que la turista norteamericana recibe el disparo del fusil, cuando la metáfora de la globalización salvaje aflora de manera más trágica y sintética. Da para pensar. Y mucho. En fin, no me quiero enrollar más, que bastante lo he hecho ya. Ved la película y ya nos contaréis qué os ha parecido.

Vaya brasa que os acabo de dar.
Ahí queda eso.